Después de algunos paseos de fin de semana, después de recordar y tratar de olvidar la anterior ocasión en la que había visitado la capital finlandesa y después de ir a hacer recados dando rodeos para explorar un poco, puedo dar una primera impresión de lo que veo en Helsinki como ciudad.
Pero antes diré que me he estado documentando para confirmar o desmentir mis sospechas.
Ya sabía que Finlandia tiene tanto un largo pasado sueco como un más reciente, corto e intenso pasado ruso. Y de paso mencionaré que Finlandia como país e identidad nacional no se consolida hasta 1917, cuando tras la guerra se independiza de los rusos. Y es ya en la primera decada del s. XX cuando arquitectos, escritores y pintores se inventan casi de la nada el sentimiento nacional finlandés: recurrieron a cuentos, fábulas e hitos populares que se recogieron solo entonces para crear un cancionero de odas común a los que nacieron en la actual Finlandia [por ejemplo el poema épico Kalevala, antiguo pero publicado por primera vez solo a mediados del s. XIX].
Y antes de que me pierda en más explicaciones, me centro ahora en el pasado ruso. Lo digo porque la mayor parte de la ciudad lo parece. Y eso que nunca he estado en Rusia. Lo parece en cuanto a sus muchos edificios de hormigón, en cuanto a algunas plazas enormes a escala no humana propias de regímenes como el soviético, en cuanto a que muchas zonas son grises o como mucho ocres, en cuanto a que es demasiado austera y en cuanto a que, a primera vista, parece desangelada y descarnada. Es eso mismo lo que para mi significa “parecer ruso”: desangelado y descarnado. Mucha arquitectura constructivistas y art neveou. Algo de neoclásico también. No resulta fea, sino inquietante y sobrecogedora, al más puro estilo de Gotham City de Tim Burton:

La Plaza del Senado y la Catedral luterana

Uspenski, la catedral ortodoxa a la entrada del puerto (en invierno, claro)

Estación de ferrocarril de Rautatientori

Iglesia de Kallio, mi barrio

El Parlamento finlandés (Eduskuntatalo). Un auténtico bunker.
Por cierto, esto de la apariencia rusa no es nada fácil de plantear aquí, pues por las guerras habidas en torno al 1920 y en la Segunda Guerra Mundial contra los rusos, éstos no son populares. Hay un sentimiento anti ruso enorme. Es casi un insulto. Pero se parecen, no solo en sus rasgos y fisonomía, que también, sino en sus ciudades. Curiosa paradoja.
Pero también hay una zona brillante y exhuberante, que es aquella que se parece a su otro pasado, aquella no tan grande y que parece sueca. A Estocolmo concretamente. Es la zona pija y de negocios. Y de nuevo no solo es que esa zona recuerde a Suecia, sino que la gente que allí te encuentras también lo parece. Tal vez sea porque Estocolmo es tan elitista, exuberante y pija que todo pijo elitista y exuberante parece venir de Estocolmo. No se. Pero de nuevo la gran curiosidad es que si bien la capital parece más rusa que sueca, el sueco es el otro idioma oficial en Finlandia junto al propio finés.

Kluuvi y Esplanadi, áreas comerciales. Restaurante Kappeli (¿Berns?)
Y luego hay una cara que no es ni rusa ni sueca, sino simplemente finlandesa. Es la zona más verde de la ciudad. La zona que tiene mar en el centro de la ciudad a modo de lago, que tiene paisajes lunares en la costa, que tiene parques sencillos pero bonitos. Aquélla con edificios únicos como el de la Casa de Finlandia. Edificios modernos pero no artificiales, amplios pero no avasalladoramente grandes, de líneas rectas pero bien integrados en la naturaleza, sencillos pero únicos.

Töölönlahti, el brazo de mar que llega hasta el centro de la ciudad

La Casa de Finlandia de Alvar Aalto

La Ópera de Helsinki

Kiasma, museo de arte moderno
Y eso es Helsinki. Un compendio en el que ves fácilmente el pasado del país, ocupado por otras naconalidades que dejaron su marca no solo en el país sino en la gente también. Y luego está la Finlandia propia y original, con sus edificios únicos y sus paisajes sobrecogedores, incluso en la ciudad.